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miércoles, 24 de agosto de 2011

Vida

Poema dedicado a mi amiga Concha, que se lamenta a veces de la amargura de otras composiciones de este blog.

Foto del autor tomada en Agosto 2011 al pie de la batería de San Ramón


Encumbrado en la esbelta roca
que araña del Sol su amarillo
y se maquilla de viento y olas
te canto, ¡oh, vida!


....

La doble nota del mar
destila tu nombre,
me rebosa los labios 
 para teñirse de cielo. 
Pronuncio tus sílabas
 dos
 ¡que dos es todo!
 y yo
 en olvido de profecías
 vivo
 en recuerdo de poemas;
 buscando el verso aquel
 que te contenga, vida
 se me olvida el morir.


Sin principio ni fin,
con ojos grandes de niño pequeño
te veo hoy, redonda
y así te amo
con pálpito ansioso de adolescente.

Sereno te transito
 y clasifico
en caóticas coordenadas 
de ingeniero:
hermosa, carnosa
sabrosa, olorosa vida
y estruendosa 
gritas
que nunca está todo dicho
que siempre todo se agita.
                                            R.

7 comentarios :

  1. Muchas gracias Ramón por dedicarme ese poema de 2 sílabas con tus ojos grandes de niño pequeño y tus caóticas coordenadas de ingeniero. Un beso muy fuerte desde la playa.

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  2. Muy bonito. Cargado de vida, como su título indica. Destila belleza en cada palabra.

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  3. Pasa acariciando y queriendo, pleno de belleza delicada y armonía. Este poema es la vida de alguien muy bello en un momento de plenitud en que se para a mirarse y la ve. LA VIDA MÁS GRANDE QUE TODO y si, como decía Karen Blixen,cada uno de nosotros siente una sola cosa en su corazón , la maravillosa grandeza y extrañeza de estar vivo..., este poema y su "se me olvida morir" hace resonar en mí esa grandeza, que también tienes y tan bien expresas.

    Mar i bel

    Un saludo para Concha que tiene los mismos ojos brillantes y la misma sonrisa sonrisa que me fascinaron de pequeña, llenos de presencia

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  4. Gracias,Maribel. Me abruma... y me encanta tu comentario. Tiene un gran valor para mí. Besos

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  5. Siento envidia, sana, pero envidia de estar a años luz de tu creatividad poetica.
    Cuando compartiamos , cortos, pero inolvidables encuentros siempre senti una gran admiración.
    Cuando me mandaste personalmente tu relato de Muriel en la ventana pense que era un mensaje, un deseo contenido y me preocupó.
    Sigue siendo como eres, seguire sintiendo envidia ...muy afectuosa y sentire el orgullo de haber compartido contigo
    Eduard

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  6. ... se me olvida morir...
    Qué bonito, qué intenso, qué profundi. Me gusta. Un abrazo fuerte.
    Fer

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  7. “VIDA” se articula como una oda moderna: un canto directo a la vida (“te canto, ¡oh, vida!”) que toma una posición elevada —“Encumbrado en la esbelta roca”— para mirar desde un punto de intensidad. Es una altura física y simbólica: el poema se coloca en un promontorio (acantilado implícito) donde confluyen viento, mar y sol. Pero lo notable es que esa naturaleza no aparece como postal, sino como cuerpo en acción: la roca “araña del Sol su amarillo” y “se maquilla de viento y olas”. El paisaje se vuelve un rostro: araña (gesto casi animal, de deseo) y maquilla (gesto humano, estético). Con dos verbos basta para decir que vivir no es estar: es apropiarse y transformarse.

    El segundo bloque concentra uno de los hallazgos más finos: “La doble nota del mar / destila tu nombre”. El mar no es fondo sonoro, sino alambique: destila, condensa, convierte rumor en esencia. Y esa esencia es un nombre: la vida se vuelve pronunciable, pero no por vía conceptual, sino musical. En seguida el poema convierte una observación lingüística en tesis metafísica: “Pronuncio tus sílabas / dos / ¡que dos es todo!” La palabra “vida” se despliega como cifra: dos no es sólo cómputo fonético, sino estructura mínima del mundo (yo/otro, dentro/fuera, tierra/mar, vida/muerte). El poema sugiere que vivir es habitar una tensión de pares, un equilibrio inestable entre polos.

    A partir de ahí, la voz establece su programa: “en olvido de profecías / vivo / en recuerdo de poemas”. Se renuncia a la predicción (la vida como destino escrito) y se elige la creación (la vida como búsqueda verbal). Es una toma de partido: mejor el poema que el oráculo. Y esa elección tiene un efecto casi mágico: “buscando el verso aquel / que te contenga, vida / se me olvida el morir.” Contener aquí vibra con doble sentido: contener como abarcar (decir la vida) y contener como sujetar (que no se derrame). La muerte queda suspendida no porque desaparezca, sino porque el acto de buscar el verso —el acto de atención y de forma— produce un estado de presencia tan intenso que el morir se vuelve, por un instante, secundario. No es ingenuidad: es una ética del enfoque. Mientras se nombra con verdad, la muerte no manda.

    El tercer bloque desplaza la celebración hacia una fenomenología del mirar y del amar: “Sin principio ni fin… te veo hoy, redonda”. “Redonda” introduce plenitud, ciclo, continuidad; una vida que no se define por flecha finalista, sino por forma completa. Y la percepción se hace deliberadamente inocente: “con ojos grandes de niño pequeño”. Es una afirmación estética y moral: para ver la vida como redonda hay que mirarla sin el desgaste del cálculo. Inmediatamente aparece el deseo: “con pálpito ansioso de adolescente”. Niño (mirada) y adolescente (latido) convierten la vida en objeto de asombro y de apetito.

    Entonces irrumpe el tercer registro: el del orden racional. “Sereno te transito / y clasifico / en caóticas coordenadas / de ingeniero.” Es una contradicción fértil: clasificar el caos. El poema no se burla del impulso racional; lo incorpora como parte de la experiencia adulta. Pero lo sitúa en su sitio: el mundo es coordinable sólo en un sistema que sigue siendo caótico. Esa tensión desemboca en una expansión sensorial que recuerda a la tradición celebratoria (nerudiana, si se quiere): “hermosa, carnosa / sabrosa, olorosa vida”. La vida se palpa, se muerde, se huele: es materia.

    El cierre culmina en una afirmación metapoética: “y estruendosa / gritas / que nunca está todo dicho / que siempre todo se agita.” La vida es, literalmente, lo que impide el cierre. La frase podría leerse como definición de lo vivo: lo que aún no se ha dicho del todo, lo que no cesa de moverse. Y al mismo tiempo es una definición del poema: el poema es el instrumento que se acerca a ese “nunca”, a ese “siempre”, sin pretender clausurarlos. Por eso la oda es moderna: canta, sí, pero canta sabiendo que el canto no agota.

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