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martes, 11 de abril de 2017

UNA HURÍ

                         
                                 

 Micro.relato matinal   

     Un esquema bien ordenado, perfectamente lógico, basado en la cintura de una hurí se ha derrumbado repentinamente y te ha dejado a merced de los sonidos. 
     Te ves a ti mismo desde otro lugar (¡a ver si resulta que tienes el don de la ubicuidad!). Los sonidos no son muchos pero tienen una ventaja: no se les puede agarrar y tienen un jefe muy persistente.
    Los sonidos te están venciendo. Intentas una última vez la huída, retomar el tranvía dorado y subacuático, pero se escapa a lomos de los sonidos, raptado para siempre. No sabes aún si eres tu o eres aquel que ves dormido. 
    Durante un instante no has sabido nada pero ahora ya está claro, apagas el despertador (destructor consentido de esquemas bien ordenados).                                                                                     
                                                                                                         R.

domingo, 26 de marzo de 2017

AUSENCIA (Gabriela Mistral)






Se va de ti mi cuerpo gota a gota. 
Se va mi cara en un óleo sordo; 
se van mis manos en azogue suelto; 
se van mis pies en dos tiempos de polvo. 

¡Se te va todo, se nos va todo! 

Se va mi voz, que te hacía campana 
cerrada a cuanto no somos nosotros. 
Se van mis gestos que se devanaban, 
en lanzaderas, debajo tus ojos. 
Y se te va la mirada que entrega, 
cuando te mira, el enebro y el olmo. 

Me voy de ti con tus mismos alientos: 
como humedad de tu cuerpo evaporo. 
Me voy de ti con vigilia y con sueño, 
y en tu recuerdo más fiel ya me borro. 
Y en tu memoria me vuelvo como esos 
que no nacieron ni en llanos ni en sotos. 

Sangre sería y me fuese en las palmas 
de tu labor, y en tu boca de mosto. 
Tu entraña fuese, y sería quemada 
en marchas tuyas que nunca más oigo, 
¡y en tu pasión que retumba en la noche 
como demencia de mares solos! 

¡Se nos va todo, se nos va todo!




                                                 Gabriela Mistral

lunes, 20 de marzo de 2017

Me queda tu ausencia





Para superar el llanto
lo primero son las lágrimas.

Lumbre late tras mis ojos,
consume la paz de mis cuencas:
ellas vacías, incrédulas...
mientras amaso yo tu adiós,
hecho de tantos pasos.

Para quererte mejor,
me quedó tu ausencia.

Me urge tanto amarte
después de tus muchas muertes.
Me urge tanto hablarte
antes que olvide tu voz por siempre.
¡El valor me falta, madre!

Y la fe. Y la esperanza.
Y tú. Me faltas tú.

Ansío la escarcha en los surcos
de mi costado de negra tierra,
mal labrada;  dolida y  yerma.
Mas el frío no hará el milagro
de blanquear gotas que no he llorado.






                                                  R.






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jueves, 2 de febrero de 2017

Alegría (de José Hierro, 1947)













Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.
Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
( Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía. )
Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.
Y mientras se ilumina mi cabeza


ruego por el que he sido en la tristeza

a las divinidades de la vida

miércoles, 1 de febrero de 2017

El ímpetu de los torrentes






Niebla,
sin cielo y sin ti. Sin Cielo.
Se muere la tarde,
húmeda de aguas que no arrastran;
Brota y me empapa la noche, fingiéndose fugaz
enchida de feroz oscuridad, sin sombras,
sin nada, sin ti. Sin nada.

Muestra el tiempo su verdad,
es espada y es pared;
nunca lo supe ver
cuando me sentía eterno.

Palpo el agua de mis ojos,
pienso palabras grises, de humo;
ascienden de extintas antorchas
que han quemado versos e insomnio.
Cenizas de tildes y parpadeos
que quise fueran de ti. Que quise.

Flota la envidia del ayer, añoranza
del ímpetu de los torrentes,
en estos someros charcos que se evaporan
a su pesar, enmascarados de arcoiris,
-como aquellos años, disfrazados de infinito-
Se van, se secan. Se van...
como tú te has ido.

                                                                 R.
                       




martes, 10 de enero de 2017

Aquel otro (de J.E. Paceco)





Hoy vino a verme el que no fui,
Aquel otro
Ya para siempre inexistencia pura,
Ardid verbal para el hubiera sido,
Forma atenuada de decir no fue.
Ahora lo entiendo: quien no fue ha triunfado,
La realidad no lo manchó, no tuvo
Que adaptarse a la eterna sordidez,
Jamás capituló ni vendió su alma
Por una onza de supervivencia.
El que no fui se fue como si nada.
Ya nunca volverá, ya es imposible.
El que se va no vuelve aunque regrese.
                                                                  (J.E. Pacheco)