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domingo, 3 de julio de 2011

La última voltereta (Por Fernando Mañueco)

Se le cuajó piel de escaras. Se le llenó al alma de fantasmas. Se le anegaron los ojos de lágrimas. Sintió un leve mareo, como si se hubiera desprendido una pieza importante en el delicado engranaje de su vida. Se quebró un eslabón de la cadena. Se rompió la piedra clave que sujeta todo el arco.

Ve su amasijo de piel y huesos desde arriba. Apenas se deja entrever algún músculo. Se ve a sí mismo observando la escena. No siente miedo, ni vértigo. Recuerda el Juan Salvador Gaviota, que tanto le gustaba. Qué difícil debe ser explicar la sensación del vuelo, se dijo. Y se decidió a probar. Al principio se contentó con un giro a izquierdas para volver a su posición inicial. Después un rápido ascenso para experimentar la vista de pájaro. Se imagina como un boomerang, buscando de nuevo la mano amiga que le ha lanzado. Luego se anima con volteretas, tirabuzones, piruetas carpadas.... Comprueba que la ingravidez da para jugar mucho. Disfruta. Al final siente miedo cuando quiere volver al cuerpo pero no puede, se ve arrastrado hacia arriba por una fuerza poderosa. Da una última voltereta y cierra los ojos.
                                                                                                                                                        (F.M.)