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sábado, 11 de enero de 2014

DICOTOMÍA (por A.V.L.)












A veces siento que no siento... Y eso me desconcierta. 



Porque si siento que no siento significa que ¿sentiré... o que ya he sentido?



¿Sentir la insensibilidad se considera un sentimiento?

Porque si es así, lo único que se sentiría es el no sentir... Y eso no tiene sentido.

¿Hay diferencia entre pensar que sientes y sentir que piensas?

Claro que sí. El que lo piensa solo siente... y el que lo siente solo piensa.

¿Pensar que no sientes se considera un sentimiento?¿O un pensamiento?

¿Qué diferencia hay entre pensar que no sientes y sentir la insensibilidad?

Que el sentimiento es más preciso.

A veces tratamos de anular lo que sentimos pensando... Craso error.

Porque lo que sientes no siempre guarda relación con lo que piensas.

A veces tratamos de anular lo que pensamos sintiendo... Gran acierto.

Porque lo que piensas no siempre guarda relación con lo que sientes.

¿Pensar o Sentir?
¿Con cuál te quedas?

ALMA (por A.V.L.)

Antes de leer, abrir enlace: https://soundcloud.com/awoogaec/one-feeling-improvisado-raw

Dar al play. Leer.

ALMA


Amanece. La luz entra por el ventanal, iluminando las
sábanas blancas de una cama, ocupada por un hombre y una mujer. Ella, molesta por el sol, despierta y, al ver que él la observa, sonríe. 

Son conscientes de quiénes son. Comparten Vida. Comparten Alma.

Asoman nubes que cubren la noche. El sofá está ocupado por dos figuras,
acurrucadas de tal forma que se aprecian como una. No hay cabida para
pensamientos en sus mentes, no en ese momento. Simplemente observan el crepitar de unas ramas, envueltas en llamas, envueltas en los muros de una chimenea. Simplemente sienten.

*** 
Apenas visibles, dos siluetas se dibujan en el exterior, avanzando hacia la
casa. Ellos son el fin del día. Ellos son la noche. Ellos son el destino,
azaroso.

*** 
El sonido de cristales rotos quiebra el silencio. La figura que contemplaba el fuego se sobresalta y se divide en dos. El destino ha entrado por la ventana, dispuesto a deshacer lo que una vez hizo. Se escucha un forcejeo, dos golpes secos, el roce del acero, un grito ahogado y después... nada.

Un hombre y una mujer yacen en el suelo. La luz entra por el marco de una ventana rota, iluminando la sala. Él, molesto por el sol, despierta, pero no tiene una sonrisa que ofrecer.

Sus ojos vagan por la estancia, tratando de comprender: armarios abiertos, pedazos de cristal y arcilla, cajones vacíos... Y en ese momento, la encuentra.

El hombre se incorpora y se aproxima, con la intención de despertarla. Entonces sus pies encuentran algo húmedo. Baja la mirada y sus ojos encuentran el color rojo. En ese instante un dolor le aborda. El dolor de un alma rota.

Un cuerpo deambula en el interior de la casa. Sin rumbo fijo, sólo pasea. Apenas come, apenas duerme. Y su dolor apenas remite. Al principio fue intenso, como si alguien hubiese golpeado su corazón con un pedazo de madera vieja con todas sus fuerzas. Después, el dolor únicamente fue persistente. Persistente como astillas desprendidas de aquél pedazo de madera vieja, que quedaron alojadas en su pecho y que son demasiadas como para intentar sacarlas.

Pasan semanas. El cuerpo continúa caminando, aunque no avanza. No enferma, aunque ya está enfermo. No muere, aunque ya está muerto.

Una mañana, sin apenas percatarse, el cuerpo atraviesa la puerta, saliendo al exterior. A pesar de que no había dejado de comer, por primera vez en mucho tiempo siente apetito. Decide tomar el coche y acercarse a un bar y desayunar. Pide un café y dos tostadas. Hacía calor, así que sale a la terraza.

Y entonces los encuentra.

Los que una vez fueron los rostros del destino, que quedaron grabados a fuego en su mente. Una mente que en ese momento despierta.

Los rostros continúan caminando, sin percatarse de que han sido descubiertos. El hombre espera a que se alejen, deja un billete sobre la mesa y los sigue desde la distancia. Caminan durante una hora, hablando entre ellos, hasta que finalmente se detienen delante de la puerta de un pequeño cortijo. La abren y entran.

Ya está. Los había encontrado.

Pero no podía hacerlo, no ahora. El hombre vuelve al bar, entra en el coche y vuelve a casa. Al entrar se dirige al baño, se sube al bidé y destapa el respiradero del techo. Alza la mano y tantea a ciegas hasta asir con su mano la venganza, una venganza hecha de frío metal y pólvora.

Se tranquiliza. Sale del baño y vuelve al coche. Arranca.

Conduce sobre una carretera hecha sobre un acantilado que da al mar. Atardece, y el Sol se va sumergiendo en el horizonte marino dibujando un camino luminoso sobre el océano y dejando un tono anaranjado en el cielo. En uno de los salientes se halla un mirador. El coche gira y se detiene allí. El hombre se baja, toma aire y llora. Llora lo más alto y lo más fuerte que puede.

Es entonces cuando las afiladas puntas de cristal de su alma rota se redondean y las astillas de su corazón desaparecen. Se siente en paz.

Se seca las lágrimas con la parte inferior de su camisa y vuelve a empuñar el volante. Continúa el camino. Pasa por delante del bar en el que estuvo aquella mañana y para a escasos metros de un pequeño cortijo. 


Apaga el motor y espera. Por una ventana se aprecia como el interior de una habitación se ilumina. El hombre desplaza una mano hacia su cintura y rodea la venganza con los dedos. Ahora ellos son meros hombres. Ahora él es el Destino.

Se oye el crujido de una puerta quebrada. El Destino entra por la puerta y mira a los hombres. Sonríe. Ellos le devuelven la mirada, una mirada en la que se refleja el recuerdo, seguido de un intenso terror.

El silencio de la noche se escapa con el sonido de dos
disparos… Y regresa tras el sonido de un tercero.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Y de postre...











Tú ya lo sabías,
como todo lo que deseo.
Has dejado encadenar minutos cuajados de bocas,
que están prometiendo besos
en cada sorbo de vino.

Helados derretidos,
decoran de anhelos los platos
que son lienzos para el olvido
del devenir de lo vivo.

Baila el aire cargado
de moléculas que inventamos
y las paredes se lucen de Gauguin,
todo es un renacer extasiado.

Ecos de las miradas que sonaban como suspiros,
ojos que devoran ojos,
manos de impacientes dedos
tatúan su huella en el perfume,
abren surcos en los cabellos
y los siembran de deseo
y los riegan de sudores.

Se recortan siluetas contra el techo
se abanica la alfombra con jadeos,
las copas se empañan por no vernos
...
pues siempre es superior lo imaginado.

                                                             R.








sábado, 12 de octubre de 2013

Resolvemos Tiempo Curva









Y si el sol fuera otro cada día
la luna que muere hilo y nace redonda
en la tierra resolvemos inventando tiempo que no cuadra

 Y si el sol fuera otro cada día
la luna que muere hilo y nace redonda
( contemplando la pregunta)
en la tierra resolvemos inventando tiempo que no cuadra

bajando
            los ojos al horizonte y el desconcierto a las estrellas

( me falta otra vez
mar   o solo las manos saladas sobre tu espalda
y tu tacto    lento           sin ataduras )
                           ( sin amarguras )

... me sigue faltando...

RESOLVEMOS TIEMPO CURVA

 Y si el sol fuera otro cada día
la luna que muere hilo y nace redonda
              ( contemplando la pregunta )
en la tierra resolvemos inventando tiempo que no cuadra

© Mar i bel Valdivia Palma
    Santander 28 / SEP /  2013

sábado, 29 de junio de 2013

Acordes de tango (sin Gardel)







Del aire,
del aire vengo huyendo,
hace años, muchos,
hace muchos versos;
quiero esquivar su necesidad
quiero saltar el abismo abierto
de mi propio sepulcro,
seguir después,
seguir.

La ensoñación de no ser mortal
empapa mis pensamientos
aturde cualquier sentido
difumina los recuerdos,
los abate al fin
con olas de futuro,
inacabables.

Me hallo contemplando, sin respirar,
un par de espejos enfrentados

dando eco a una voz que no es voz
es luz de niebla.
Va, viene, va....
se diría colgada de acordes de tango,
décadas de nada
que parecen nada,
desde lejos
que nada de cerca son,
ni recuerdos.

Dice cosas muy quedas,
dice miedo, dice eterno;
me habla del poder sobrenatural de las palabras:
todo será como yo lo nombre.
Deja huellas invisibles, rimadas
como pasos en el andén
de una estación desierta.

Pero el aire me falta,
huir no sirve,
rimar no basta.

De espejos rotos se puebla el universo,
abro los ojos cegado de estruendo,
gime la mecedora,
dice que el no morir es eso,
un juego infantil de reflejos,
eternizar el instante
enlazando geometrías,
giro tras giro de un caleidoscopio.

Pero yo sé que no es cierto,
bastaría con no nacer para esquivar el fin
para evitar la necesidad de aire.
El no morir que yo quiero
cruje de azar
arde en lo incierto

y tiene que ver con recuerdos
en las memorias de aquellos
que hayan hablado mis versos.


                                                               R.



domingo, 16 de junio de 2013

Horas de Venecia







Vinieron a buscarnos, 
vendrán;
ansiosos de pasado, de horizontalidad
con el fracaso latiendo en su centro.
Ese equilibrio suyo será el lastre que nos dé ventaja
como cada mañana decorada de hazaña
como detrás, debajo y encima de las sábanas.

Estamos fuera de su alcance, cabalgando
en gemidos 
que hacen brillar la noche
al modo del vidrio soplado.


Aunque me hables de sus pasos 
que te siguen cuando nos separamos,
yo seguiré admirando prodigios
en tus labios
a resguardo de las aguas grises
que crecen como el calendario.

Tengo, guardadas en ti, horas de Venecia

de pleamar sin olas
y caricias arenosas de playas de levante
que iluminaban tus ojos cuando te reías.
Miradas tuyas tengo que se pierden en la estela
espumosa,
aquella
que hablaba de rumbos en pasado,
que era puro aroma para la vista.

Quisieron quitármelas,
querrán.

Íntimos miedos,
viejos pecados
de quebrado horizonte.
Esos recuerdos nuestros serán la niebla
en que pierdan el rastro
de mis latidos
de tus destellos.

Puse marcas en los mapas con los besos

que nos dimos;
aquellos
que dilataban pupilas
como corazones.
Rastros dejé de tus ojos
que teñían los ríos
como en Canaima.
Cerezas de cielo y agua
dichosas de caricias,
cálidas
por el abrigo de tus párpados.


Buscaron mis caminos,
buscarán
enfebrecidos de falsa geografía.
Distancias,
desencuentros,
agitar de manos con la vista nublada.
Sus coordenadas serán el laberinto
que les aleje de nosotros
por siempre.

Enredé mechones tuyos en las fronteras,
en el contorno de las islas
y en los puentes del Sena.
El agua les saluda
como si no hubiese relojes.
Hay todavía violines que guardan
notas de la voz tuya
sin saber que no estás ya en Praga.
Hacías vibrar el aire
cuando pensabas nombrarme
y sólo yo lo escuchaba.


Causaron heridas crueles
las causarán.

Pero no temas, amor,
los nombres nuestros
que conservan los registros,
no sabrán pronunciarlos
aún estando escritos
no podrán decirlos;
el tuyo no es de su mundo,
el mío, salvo en tus labios,
no tiene sonido.

                                                      R.


(No les dedico ni el olvido

a las miradas turbias,
al charol de sus pisadas.
Sé lo que quieren robar.)