El tictac extinguido
del latir;
el silencio que golpea;
la extrema sencillez de ese dolor.
Otra madrugada más se rompe
sin posible arreglo,
como tantas,
como todo.
Las horas que sé tuyas y no encuentro,
esas me faltan,
todas las que me diste,
tantas que yo te debo.
Esas horas tuyas,
que ahora posees
sin tiempo, sin mí,
me faltan,
me hieren,
me duelen,
me matan.
Es tarde ya.
Es para siempre.
Entre los párpados duerme
la ausencia que todo lo cambia.
De repente, lo anunciado
nos sorprende y nos hace sombra
para siempre.
R.

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