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martes, 11 de abril de 2017

UNA HURÍ

                         
                                 

 Micro.relato matinal   

     Un esquema bien ordenado, perfectamente lógico, basado en la cintura de una hurí se ha derrumbado repentinamente y te ha dejado a merced de los sonidos. 
     Te ves a ti mismo desde otro lugar (¡a ver si resulta que tienes el don de la ubicuidad!). Los sonidos no son muchos pero tienen una ventaja: no se les puede agarrar y tienen un jefe muy persistente.
    Los sonidos te están venciendo. Intentas una última vez la huída, retomar el tranvía dorado y subacuático, pero se escapa a lomos de los sonidos, raptado para siempre. No sabes aún si eres tu o eres aquel que ves dormido. 
    Durante un instante no has sabido nada pero ahora ya está claro, apagas el despertador (destructor consentido de esquemas bien ordenados).                                                                                     
                                                                                                         R.

sábado, 14 de junio de 2014

MAÑANA DE PESCA (Constance de Nelson)






Poema seleccionado por Ediciones de la MediaNoche para "CINCOPALABRAS"



Extraño es el aire que empuja al velero
entre sobresaltos de espumas.


"¡Un viento ariente!" exclama el pescador.
El horizonte desaparece y reaparece.


Ámbar es el tentáculo en la tenue luz del sol
y crudas las manos que enrollan el sedal.


(En el mar transparente no quedó huella,
y no hubo tiempo para confesar lo ocurrido.)

                                                                                         -CdN-



sábado, 11 de enero de 2014

ALMA (por A.V.L.)

Antes de leer, abrir enlace: https://soundcloud.com/awoogaec/one-feeling-improvisado-raw

Dar al play. Leer.

ALMA


Amanece. La luz entra por el ventanal, iluminando las
sábanas blancas de una cama, ocupada por un hombre y una mujer. Ella, molesta por el sol, despierta y, al ver que él la observa, sonríe. 

Son conscientes de quiénes son. Comparten Vida. Comparten Alma.

Asoman nubes que cubren la noche. El sofá está ocupado por dos figuras,
acurrucadas de tal forma que se aprecian como una. No hay cabida para
pensamientos en sus mentes, no en ese momento. Simplemente observan el crepitar de unas ramas, envueltas en llamas, envueltas en los muros de una chimenea. Simplemente sienten.

*** 
Apenas visibles, dos siluetas se dibujan en el exterior, avanzando hacia la
casa. Ellos son el fin del día. Ellos son la noche. Ellos son el destino,
azaroso.

*** 
El sonido de cristales rotos quiebra el silencio. La figura que contemplaba el fuego se sobresalta y se divide en dos. El destino ha entrado por la ventana, dispuesto a deshacer lo que una vez hizo. Se escucha un forcejeo, dos golpes secos, el roce del acero, un grito ahogado y después... nada.

Un hombre y una mujer yacen en el suelo. La luz entra por el marco de una ventana rota, iluminando la sala. Él, molesto por el sol, despierta, pero no tiene una sonrisa que ofrecer.

Sus ojos vagan por la estancia, tratando de comprender: armarios abiertos, pedazos de cristal y arcilla, cajones vacíos... Y en ese momento, la encuentra.

El hombre se incorpora y se aproxima, con la intención de despertarla. Entonces sus pies encuentran algo húmedo. Baja la mirada y sus ojos encuentran el color rojo. En ese instante un dolor le aborda. El dolor de un alma rota.

Un cuerpo deambula en el interior de la casa. Sin rumbo fijo, sólo pasea. Apenas come, apenas duerme. Y su dolor apenas remite. Al principio fue intenso, como si alguien hubiese golpeado su corazón con un pedazo de madera vieja con todas sus fuerzas. Después, el dolor únicamente fue persistente. Persistente como astillas desprendidas de aquél pedazo de madera vieja, que quedaron alojadas en su pecho y que son demasiadas como para intentar sacarlas.

Pasan semanas. El cuerpo continúa caminando, aunque no avanza. No enferma, aunque ya está enfermo. No muere, aunque ya está muerto.

Una mañana, sin apenas percatarse, el cuerpo atraviesa la puerta, saliendo al exterior. A pesar de que no había dejado de comer, por primera vez en mucho tiempo siente apetito. Decide tomar el coche y acercarse a un bar y desayunar. Pide un café y dos tostadas. Hacía calor, así que sale a la terraza.

Y entonces los encuentra.

Los que una vez fueron los rostros del destino, que quedaron grabados a fuego en su mente. Una mente que en ese momento despierta.

Los rostros continúan caminando, sin percatarse de que han sido descubiertos. El hombre espera a que se alejen, deja un billete sobre la mesa y los sigue desde la distancia. Caminan durante una hora, hablando entre ellos, hasta que finalmente se detienen delante de la puerta de un pequeño cortijo. La abren y entran.

Ya está. Los había encontrado.

Pero no podía hacerlo, no ahora. El hombre vuelve al bar, entra en el coche y vuelve a casa. Al entrar se dirige al baño, se sube al bidé y destapa el respiradero del techo. Alza la mano y tantea a ciegas hasta asir con su mano la venganza, una venganza hecha de frío metal y pólvora.

Se tranquiliza. Sale del baño y vuelve al coche. Arranca.

Conduce sobre una carretera hecha sobre un acantilado que da al mar. Atardece, y el Sol se va sumergiendo en el horizonte marino dibujando un camino luminoso sobre el océano y dejando un tono anaranjado en el cielo. En uno de los salientes se halla un mirador. El coche gira y se detiene allí. El hombre se baja, toma aire y llora. Llora lo más alto y lo más fuerte que puede.

Es entonces cuando las afiladas puntas de cristal de su alma rota se redondean y las astillas de su corazón desaparecen. Se siente en paz.

Se seca las lágrimas con la parte inferior de su camisa y vuelve a empuñar el volante. Continúa el camino. Pasa por delante del bar en el que estuvo aquella mañana y para a escasos metros de un pequeño cortijo. 


Apaga el motor y espera. Por una ventana se aprecia como el interior de una habitación se ilumina. El hombre desplaza una mano hacia su cintura y rodea la venganza con los dedos. Ahora ellos son meros hombres. Ahora él es el Destino.

Se oye el crujido de una puerta quebrada. El Destino entra por la puerta y mira a los hombres. Sonríe. Ellos le devuelven la mirada, una mirada en la que se refleja el recuerdo, seguido de un intenso terror.

El silencio de la noche se escapa con el sonido de dos
disparos… Y regresa tras el sonido de un tercero.

sábado, 29 de junio de 2013

Acordes de tango (sin Gardel)







Del aire,
del aire vengo huyendo,
hace años, muchos,
hace muchos versos;
quiero esquivar su necesidad
quiero saltar el abismo abierto
de mi propio sepulcro,
seguir después,
seguir.

La ensoñación de no ser mortal
empapa mis pensamientos
aturde cualquier sentido
difumina los recuerdos,
los abate al fin
con olas de futuro,
inacabables.

Me hallo contemplando, sin respirar,
un par de espejos enfrentados

dando eco a una voz que no es voz
es luz de niebla.
Va, viene, va....
se diría colgada de acordes de tango,
décadas de nada
que parecen nada,
desde lejos
que nada de cerca son,
ni recuerdos.

Dice cosas muy quedas,
dice miedo, dice eterno;
me habla del poder sobrenatural de las palabras:
todo será como yo lo nombre.
Deja huellas invisibles, rimadas
como pasos en el andén
de una estación desierta.

Pero el aire me falta,
huir no sirve,
rimar no basta.

De espejos rotos se puebla el universo,
abro los ojos cegado de estruendo,
gime la mecedora,
dice que el no morir es eso,
un juego infantil de reflejos,
eternizar el instante
enlazando geometrías,
giro tras giro de un caleidoscopio.

Pero yo sé que no es cierto,
bastaría con no nacer para esquivar el fin
para evitar la necesidad de aire.
El no morir que yo quiero
cruje de azar
arde en lo incierto

y tiene que ver con recuerdos
en las memorias de aquellos
que hayan hablado mis versos.


                                                               R.



miércoles, 15 de mayo de 2013

Las voces bellas dejan mejores recuerdos







De soledades dobles se nutre la muerte
cuando otros dolores no le alcanzan.



Él amaba la belleza.
Ella adoraba ser amada.

Escribió en las onduladas paredes
de su habitación repleta de mecedoras:
"Las voces bellas dejan
mejores recuerdos.
Los rostros bellos arrastran
más las miradas
pero hay almas
con un aroma inolvidable".

Amaestraba golondrinas,
en bandadas,
para escribir en el cielo
versos invulnerables.

Tarde aprendió que amar
es más fácil con el invierno
en el futuro, 
cuando todo, menos miedo,
se siente ante un balcón abierto.

Sin posible cura,
él murió de sí mismo.
Ella, de venas azules
de tanto leer en el cielo,
no pudo superarlo.

Un adiós de doble cara
que nadie pronunció.

No hubo duelo.
No había ya recuerdos,
caídos todos en la almohada
de inconexas plumas
que habitaba su cráneo.

El silencio aquel que golpeaba,
la extrema sencillez de ese dolor
de quien ya no ama,
de quien todo lo olvidó.
                                        R.



domingo, 22 de julio de 2012

Sherezade Mil Y Una Noches Contada


Scherezade se iba haciendo mayor y sus silencios sonaban ahora más que sus palabras.
Sus cuentos seguían siendo nuevos y continuaban sin acabar de acabar
Y cuando el silencio, que siempre había estado ahí, retumbaba tan alto y se callaba tanto, Sherezade sentía nacer el peligro antiguo            la desaparición
Pero él también había aprendido a escucharlo

y disfrutaba de este silencio del silencio interumpido en la voz que sonaba y en la que no , como si hubiera sido él el final aplazado de los principio eternos


A veces temía que ella fuera a hablarle con su voz y despertara con su ausencia y el final de su existencia:


pero siempre caía la noche a tiempo y así iba a ser, siempre, mientras durara


El califa se había hecho mayor y probó un día con su última claridad a recordar uno por uno todos los cuentos y , para su sorpresa, Scherezade le escuchaba embelesada cada noche cómo pronunciaba nuevos los silencios que ya habían estado ahí y ahora sabía se irán , siempre, para volver y acabar las historias con final por el comienzo. 
YA NO HAY TEMOR

(C) Mar i bel Valdivia Palma
Mayo 2012 

الف ليلة و ليلة  Este casi cuento está inspirado ahí claro y en El Único Deseo de Eric Baret, lectura recomendada por G.M. M. del que también viene "casi directa" la última línea.