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viernes, 8 de agosto de 2014

Ven, es una palabra muda



Fotografía del autor (2007)





Adornada de adelfas que intoxican
el aire y mi mirada
huye y aguarda la carretera;
bastó una palabra tuya
                                (Ven, es palabra muda)
para hacer de mi cuerpo frontera,
el antes y el luego  juegan
a escondidas en mis venas.
Delante y detrás sigue el asfalto.
Marciales limoneros repiten sin cesar
las mismas joyas, a cientos.
Codicioso, disperso yo mis ojos
como haré esta noche ante las estrellas
como haré después frente a tus senos. 

Sé que llegaré a nuestro lugar
allí donde a simple vista se desnuda
el secreto ciudadano de las fases de la luna,
donde se hace más poderosa
la llamada orgullosa de tu sexo,
donde el aroma a jazmines borra
los viejos pudores viejos.
Donde a ti y a mí nos queda
amor tras el deseo.
Ven... me dirás, 
cierra esos ojos llenos.
Ven, me dirás
y ya no habrá luego.

                                              R.




lunes, 20 de agosto de 2012

CENTRO








Nubes bajas descolgadas del cielo
cae luz, 
           de plata vieja,
en calma,
desde un invisible techo.
No hay sol,
aún no hay luna,
de las estrellas 
                      ni incierto destello.

Por los caminos, silencio.

Hasta los minutos dudan
si deben seguir latiendo.

Todo pretendo abarcarlo.
Todo que es nada,
                         que es bello.
Ansioso por absorberlo,
                   por fijar el decorado,
cierro los ojos para ver
                                 y veo
que, sin haberlo intuido,
me hallo en el mismo centro.

R.








martes, 6 de septiembre de 2011

Amanecer en el valle de Rodalquilar


                                              Foto del autor en Rodalquilar (2007)  R.



En esa hora que no es hora
me despido de la noche;
van a tener lugar, al fin
cielo, tierra y mar.
Canta el gallo
en punto la aurora,
hacia ella arrastra el poniente,
en notas broncas,
enredadas mis miradas
y las voces de aquellos árboles
viejos ya de vendavales.
Con esta luz son veleros varados
que a duras penas retienen
sus caprichosos aparejos,
se desgañitan en vano
en una lengua que no entendemos.

Como una suerte de agua ausente
discurre, valle arriba, la vida
se aposentan los colores
que la noche olvida
y, en presagio de derroche,
el primer rayo 
de sangre y espigas,
alcanza mis pupilas
como me alcanzó el amor
antes, cuando te miraba
mientras dormías,
mientras soñaba.

                                   R.
(... quiero aprender a transitar
las infinitas bifurcaciones 
de tus inasibles sueños)

lunes, 15 de agosto de 2011

Luna llena (Rodalquilar)

Contemplar en una cálida noche de verano, la salida de la luna llena desde la costa que mira a oriente en Rodalquilar es siempre una grata experiencia, pero si además te recreas en las formas de sus reflejos en un tranquilo mar... entonces surgen pequeñas joyas como, humildemente, creo que es este poema.

Dibujo de Umbriel (tinta y ceras sobre papel)

A la espalda de la mar
la Luna rebosa,
anclada luz
agua salada,
mi alma,
la nada,
reposa
mansa,
sola,
tú.

                R.

lunes, 1 de agosto de 2011

Cabo de Gata (poesía para los ojos) y H num 9






Obra de Umbriel. Tintas sobre papel y postratamiento informático. 2010/2011                                                                                                    
                                                                                                  R.

Noche estrellada,
con zarpazos de viento 
hablan las rocas.
                                                                     R.

sábado, 30 de julio de 2011

Pareja en el puente de Toledo

Puente de Toledo, by Pilar del Real Suárez

I. Paisaje


A las diez tiene la noche
un no sé qué de nostalgias
marinas. Es tal su magia
que al aire le pone broche
de olas saladas y verdes.
Estrellas horizontales
engarzadas en metales
bajo del puente se pierden.
Y está un río de agua negra,
en pleno otoño, muerto
poniendo eco a un cielo yerto
como a los arcos de piedra.

                     II. Los besos 

A las diez tiene la noche
color carmesí de besos
y siete luceros presos
son el tiro de su coche.
Entre las sombras del puente
se huelen de besos corolas
con eco lejano de olas
el río avisa: ¡gente!.
Sus manos bajo la blusa
bajo sus manos sus senos,
es una hora con freno
beso y caricia inconclusa.

                     III. El grito.

Dos cuerpos ser uno quieren 
pero está la hora en medio.
¡Mundo no tienes remedio,
juventud y amor te hieren!
¿Soltarás los lazos cuando
sean más viejos sus besos,
los cuerpos no estén ilesos
y se amen recordando?
¡Dales las flores ahora!
y no les pidas dinero
que sólo siete luceros
les quedan hasta la aurora.
                                      R.

miércoles, 22 de junio de 2011

La Playa del Tesoro (Carta para Andrés)



Querido Andrés, querido hijo:
Acabas de contemplar desde el mirador, nuestra playa. Nuestra playa, nombrada con nombre triste por los demás que nunca supieron ver lo que tu y yo juntos descubrimos: un inmenso tesoro. La Playa del Tesoro.
En ella, un mar transparente como tu niñez, además de jugar incansablemente contigo, arranca brillos multicolores cada vez que besa la orilla. Y allí se quedan, para nosotros, para atrapar nuestros ojos y nuestras manos en lazos de avaricia y curiosidad, más, más y más colores, dibujos, texturas, formas. Nunca tendremos bastante y ella siempre nos ofrece más.
       Por tus ojos puedo yo también contemplarla ahora y preguntarme, quizá contigo, qué hace una recta tan perfecta en ese paisaje cuajado de barrocos perfiles. Como si en un descuido, las fuerzas de la creación nos dejasen ver que no son ciegas, sino que responden a una inteligencia superior.
       Estarás, seguro, contando (¡no!, mejor dicho, cantando) a tu abuelo y tu amigo tus aventuras con las olas allá abajo (“¡ a que sí, mamá!”)…
       Puedo imaginar que si tu fuerte y clara voz llega hasta el mar, su cristalina curvatura se empañará levemente y te estará echando de menos.
       Quizá un día, dentro de muchos años puedas volver, quién sabe con quién, quién sabe si a solas, a ese lugar y al contemplar el mismo panorama (¡ojalá!) tengas un recuerdo alegre de los lejanos días de tu infancia en que tu padre y tú descubristeis el verdadero nombre de esa playa, nuestra Playa del Tesoro.
Puede que vuelvas a descender por el barranco para caminar por esa alfombra de gemas y, al oír el eco especial de tus propios pasos y ese timbre tan particular que allí tiene la perpetua y bisílaba letanía de las olas, te alcance el dulce puñal de la añoranza. Una gota de mar resbalará hasta tu media sonrisa cuando recuerdes cómo, en el otro océano lento y curvo de los ojos de tu madre, aprendimos ambos el significado verdadero de la palabra ‘amar’. Seguro que en ese momento estarás lanzando, sin querer casi, piedras al mar.        R.
                                                                                                    




miércoles, 18 de mayo de 2011

Valle de Rodalquilar (Cortijo "El 40")

Fotografía tomada por Umbriel desde el Cortijo El 40 en Rodalquilar ( 2007 )

En aquel remoto lugar 
que, sin ser nuestro, nos pertenece
el Sol lo llena todo y juega,
cada atardecer, a ser un fugaz rey Midas
(no por cotidiano, menos asombroso)
justo donde el oro cobra perfil de ruina
y silenciosas, las chumberas cumplen
con su milenario rito
se aúpan y escalan las laderas
para ofrecer a cielo sus hijos.


... ...

Balcón de amaneceres
donde el invierno es una leyenda
contada por antiguos forasteros
entre sol y sol
con voz arrullada por ecos de olas
con voz adornada por mil estrellas
(temerosas siempre de que el viento las borre)
con voz de levante
con tinta de poniente.
Y, luego, el silencio
el silencio, escondiéndose del viento
¡Qué inconcebible resulta aquí el invierno!
 luego el tiempo,
muy despacio, 
muy despacio
nos trae la Luna.
Sale primero para nosotros
y se va, rodando
se va para revelar
más allá de las últimas cimas,
en otros cerros,
la plata esperanzada de los olivos
y luego, más allá, a otro mar
otro mar que no es el nuestro,
que muchos siglos fue el último.


Desde aquel rincón elevado
que, sin ser nuestro, nos pertenece
pude y puedo contemplar la curva
que acuna el mar,
trazo certero del Creador,
curva al fin, que tiene mis ojos llenos
y mis manos ausentes.
                                          R.