Cada vez duermo más profundo, no sé si
en el mismo océano
Una vez que quise, era agua
Otra y despierta no era ni líquida
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Cada vez duermo más profundo, no sé si
en el mismo océano
Una vez que quise, era agua
Otra y despierta no era ni líquida
Imagen tomada por el autor... y no, no es un ocaso. Amanecer en Rodalquilar
Caen, por el azar mecidas,
en danza otoñal las hojas;
contados tienen sus días
desde que su verde asoma
y asombra nuestras pupilas.
El fin del vino en tu copa
auguras en cuanto brindas
y sólo descender toca
cuando coronas tus cimas,
en compañía o a solas.
Hoy deseo escapar
al implacable tributo
de finitud que acompaña
al privilegio de ser uno,
de ser algo en vez de nada.
¡Ojalá ser luz sin luto!
poder volver a mi casa,
pintar otra vez los muros,
en la cama poner sábanas
y oír de ella sus gustos.
Recuerdos de doble filo
me llueven dentro del cráneo
pero no logra su rito
que se cumpla mi deseo,
querer ser sin haber sido.
R.
.
Esperanza,
araña negra del atardecer.
Te paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.
Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...
Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.
María le dijo al ángel: m i r a